martes, 24 de julio de 2012

Junto a ti.


Se encontraban una pareja sentada sobre la cálida arena de una playa lejana, con sus manos entrelazadas y miraban al horizonte que lentamente se tornaba naranja, el cálido viento meneaba los cabellos de ambos, el sonido de las olas chocando con la orilla era relajante, no existía nadie más que ellos dos en aquel lugar, y si lo había ninguno se había dado cuenta, pues se encontraban atento a que la puesta de sol llegara.




- Es hermoso-dijo la chica mientras respiraba el aire puro del lugar y miraba el horizonte
- Muy hermoso-respondió el muchacho con sus ojos posados en aquella muchacha que se encontraba junto a él- este día fue el mejor de toda mi existencia- añadió con una sonrisa de oreja a oreja para volver a ver el horizonte
- Si-pronuncio ella con una nostalgia casi imperceptible en su voz- fue perfecto-pronuncio tratando de sonar alegre.


Ambos callaron, el muchacho no había notado el estado de su amada, quien en vez de ver la hermosa puesta de sol había bajado la vista y comenzado a llorar en silencio, lentamente la luz disminuía mientras la puesta de sol terminaba, las lagrimas de la chica caían y el chico solamente pensaba en el gran amor que ambos se sentían y lo feliz que era al lado de ella, ambos apretaban sus manos, ambos querían estar juntos para siempre, ambos se amaban y querían lo mejor para el otro... pero no pensaban en el mismo camino para lograr su cometido.


- Naty, este día se quedara grabado en mi corazón por siempre-dijo Gabriel mientras veía como los últimos rayos de luz se perdían en el océano
- Este día fue el mejor de mi vida-respondió mientras abrazaba su enamorado con fuerza y con miedo de perderlo-no puedo creer que por fin estuvimos aquí... en la playa, solo los dos... -decía mientras un día su rostro en el pecho de su amado.
- Es increíble que tus padre te hayan dejado salir de viaje sola-pronunciaba mientras acaricia los castaños cabellos de aquella chica-y que te dejen quedarte una noche entera a mi lado
- Mis padres-su voz se apago, se separo de él y Gabriel pudo notar sus ojos rojos y preocupado la miro- no digas nada-interrumpió a la pregunta que iba a formular- es solo que este día a sido esplendido que no puedo creer que haya sido real-las lagrimas amenazaban de nuevo por salir de sus hermosos ojos chocolates con solo la idea que iba a pronuncia- pero esto no da para mas
- ¿Qué?-inquirió confundido
- Si, no puedo más, estoy cansada... estoy cansada-repitió con voz baja mientras veía borroso
- ¿Cansada?, ¿de mi?-respondió enojada el hombre de cabello azabache en un tono agresivo y una vez más, sin notar la situación de su enamorada-pues yo no estoy tan bien que digamos, tener que soportar que no podamos salir porque tus papas no te dejan creyendo que te vas a romper, o si no me toca esperarte horas enteras y ni siquiera me explicas el porqué no llegas a tiempo a tus citas conmigo... o es que tienes a otro... solo dime y te ahorraré la molestia de poner escusas tontas
- Está bien, si eso es lo que piensas de mí, no te preocupes, yo no seré mas una carga para ti Gabo, sabes... es más, no quiero saber de ti-con cada palabra que ella decía un nudo en su garganta se iba formando, lo que iba a decirle a el hombre que tenía en frente no lo podía pronunciar y es más, la idea de contarle lo que le pasaba ya no estaba en su cabeza- así que déjame en paz y lárgate de mi vida... que mas que ser un alivio y una ayuda eres un estorbo
- Ok-sentencio aquel hombre de ojos miel mientras caminaba dejando atrás a la chica que lo había herido tanto en tan poco tiempo
- Adiós-pronuncio mientras las lágrimas corrían por su rostro y el llanto volvía a ella.


El tiempo pasó y sin darse cuenta los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, hasta que un cierto día el ambiente del salón de clases era distinto, todo estaba rodeado con un aura lúgubre y deprimente. Gabriel extrañado por el mal ambiente pregunto el porqué de ese estado, pero nadie le daba razón alguna, todos desviaban el tema o simplemente lo miraban con desprecio.


- Gabriel- se le acerco una pequeña compañera de clases-se que nos dijiste que no quieres saber nada mas de Naty, pero si quieres saber porque todos te miran así y porque están deprimidos tendré que contarte lo que le pasa a ella.
- Ok- dijo fastidiado, pues desde ese día no había querido saber nada sobre aquella mujer
- Bueno, ella está internada en el hospital de la ciudad-al escuchar aquella noticia miro a los ojos de su compañera-si, está en estado crítico y no sabemos si le quede mucho tiempo
- ¿Estado crítico?, de que me hablas mujer, ¿cómo que estado crítico?-los ojos del muchacho mostraban confusión mientras que aquellas orbes celestes miraban incrédula a su amigo
- Estas bromeando ¿verdad?-no contesto-si ella fue tu enamorada, como es que no sabes que estaba muy enferma-sintió como si un balde de agua helada le cayera en sima, recordó su ultima conversación "estoy cansada.... muy cansada" ella no se refería a él, sino a su estado corpóreo-desde que regreso de su paseo, ella a estado constantemente en el hospital haciendo rehabilitación, supuestamente ahí te lo iba a contar, pero habían terminado.
- Ella nunca lo menciono-bajo la cabeza al sentirse tan idiota-ella lo intento pero yo mal interprete las cosas
- Bueno Gabriel, no es tarde para arreglar todo, ella está en el hospital, anda a verla, de seguro se pondrá feliz-respondió con una gran sonrisa en sus labios para luego dejar al joven.


Eran las 3:30 pm, un hombre se encontraba frente a la puerta 105 con su mirada en el piso, sus negros cabellos se encontraban tapando su rostro al igual que sus ojos miel que se encontraban un poco rojos después de haber llorado. Tomo aire, miro en numero 105 tomo la manija de la puerta y entro; ahí estaba una blanca habitación con varios ramos de flores al rededor de la cama y en sima de ella una muchacha de piel blanca, cabello castaño obscuro y labios delgados y bien definidos que reposaba totalmente dormida sobre su cama. El muchacho la miro, no había perdido su belleza, solo que ahora estaba mas pálida; se sentó al lado y la contemplo durante un buen tiempo y sin darse cuenta se quedo dormido al lado de la hermosa jovencita. Al abrir sus ojos miel, noto una mirada extraña, regreso a ver y se topo con dos ojos chocolates que se encontraban mirándole fijamente.


- Hola-fue lo único que se le ocurrió decir
- Hola-contesto extrañada-¿qué haces aquí?-inquirió muy tranquila
- Pues he vendió a verte... ¿cómo has estado?
- Bien, no me quejo-respondió con una sonrisa en sus labios
- ¿Cómo puedes estar bien, si tienes unos tubos raros en tu brazo, además de ese tubo en tu nariz y esa cosa en tu dedo?
-Jajaja... porque estoy viva bobito, por eso estoy feliz, además estos tubos tiene medicina y el tubo en mi nariz me ayudan a respirar mejor... aunque no se para que servirá esta cosa en mi dedo... Pero no importa- el no lo podía creer, como es que alguien podía estar tan feliz si se encontraba en un hospital interna y enferma- no te estreses Gabriel, yo estoy bien porque puedo respirar y vivir... -sus mejillas tomaron un leve tono carmesí- además, viviste a verme.
- Si, recién me entero todo lo que has pasado-sintió calentarse su cara al ver la bata de la chica que era semi transparente- y creo que deberías taparte el pecho
- Eh por que-se miro y se puso como un tomate al notar que se veía su bracier, se tapo y callo avergonzada
- Lo siento-miro al piso- lo siento mucho, por no darme cuenta antes-tomo la mano de la chica
- No te preocupes, ya te lo dije antes... yo no quiero ser una carga para ti-con una dulce sonrisa pero algo triste
- No serias jamás una carga
- ¿Estás seguro?-miró fijamente los ojos del muchacho, sus corazones estaban acelerados
- Muy seguro


La distancia entre ambos se fue acortando hasta que quedaron unidos por un beso, un dulce y tierno beso que transmitió todo el amor que habían guardado durante mucho tiempo, después de su beso se abrazaron, ella escucho los latidos del joven muchacho, mientras que el apercibía el aroma de su cabello, pasaron las horas y ellos hablaban. Los días siguieron su curso, él le iba a ver en el hospital, ella cada día se ponía mejor y su sonrisa era mas radiante... hasta que cierto día los doctores no lo dejaron pasar, dijeron que había tenido una leve recaída y que por el momento no podía recibir visitas, esa situación permaneció durante todo un mes, en el cual Gabriel iba todos los días a rogar que la dejaran ver. Un día como esos los doctores cedieron y lo dejaron pasar. En la habitación había más maquinas de lo normal, ya no usaba el oxigeno normal, sino que ahora era una máscara, el al verla así sintió una punzada en el corazón y ella iba a llorar, pero el la beso en la frente y sonrió.


- No... No llorar, tu sabes que no es bueno, además... te ves tierna así- ella sonrió-si, así te vez más tierna aun

Se quedo todo el día, hasta que era muy noche cuando los doctores lo sacaron de la alcoba, al despedirse ambos sujetaron fuertemente sus manos, y mientras iba saliendo al pasillo no perdieron contacto visual nunca... al regresar a casa, no pudo dormir, solo pensaba en ella... en su estado grave que se encontraba, la angustia lo invadía, hasta que una gran punzada en su pecho le hiso caer en desesperación absoluta, tenía un extraño presentimiento, "¿estará bien?" se preguntaba una y otra vez... hasta que sintió como si alguien lo rodeara con sus brazos por la espalda, era una esencia tan familiar que lo tranquilizo, lentamente sintió como si aquella presencia tomara su mano y lo guiara a la cama, lo recostara y hasta cobijaba.

- Qué extraño Naty, siento que estas acostada a mi lado-dijo sin pensar con sus ojos cerrados- es como si estuvieras aquí- sintió un abrazo y como se hundía una pequeña cabeza en su pecho, el pudo apercibir ese aroma que lo embrujaba-Naty te amo.

Con sus brazos rodeo un pequeño espacio aire como si en él estuviera aquella chica que tanto amaba, de pronto sintió un aire frio que se posaba sobre sus labios en forma de beso al cual él correspondió y lentamente sus ojos se fueron cerrando. A la mañana siguiente era sábado, llamo directo al hospital a preguntar cómo se encontraba ella y como respuesta solo recibió un silencio sepulcral para luego ser roto con un doloroso "lo sentimos mucho". Colgó el teléfono, miro por su ventana y sonrió, mientras una cristalina lágrima caía por su rostro y pronunciaba.

- Por lo menos pasamos tu última noche juntos y pude decirte que te amo...
Luego de eso, limpio su rostro y fue en busca de su traje de gala negro.
FIN.

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